Coladeira

  • Danza
  • Música

Aunque algunos estudiosos se refieran al galope como posible origen de la coladeira, otros a la taca, una danza antigua zapateada, parece surgir por generación espontánea en el segundo cuarto del siglo XX, vinculada al placer de bailar de los mindelenses.

En determinado momento (que aparentemente nadie consigue situar en el tiempo), los interminables bailes de S. Vicente (aún hoy existe esta tradición de bailar hasta el amanecer) caían en una cierta monotonía, pero los invitados continuaban bailando, por lo que se comenzó a pedir a los músicos ejecutantes de los instrumentos de “palo y cuerda” (violón, cavaquinho y rabel) que introdujesen el “contratempo”, para dar más vigor al baile.

De la morna a la coladeira se produjo un salto, y el ritmo se volvió, como cuenta Manuel Ferreira, “tan vivo y excitante, que toda nuestra participación es física”. Sería en esta época, en los años 30 del siglo pasado, cuando apareció una forma diferente de bailar la morna, conocida como estrimbolca, ejecutada en pasos cortos y rápidos, medidos y diseñados con esmero, que pocas personas conservan. La misma denominación inicial de este género fue inicialmente de morna-coladeira.

En los años 60 la coladeira se extendió rápidamente a todas las islas, y pasó a dominar los bailes, por todo el país y la diáspora.

Además del cambio de ritmo, la coladeira se dotó de temas de sátira social, a veces incluso de escarnio, comunes a la finaçon (Santiago) y a la curcutiçon (Fogo).

En Brava, donde se implantaría más tarde, la coladeira es conocida como colinha.

En los años 80 del siglo XX la coladeira sufrió influencias caribeñas, sobre todo de las Antillas francesas, y apareció el subgénero de la coladeira-zouk, que prácticamente destronó a la música tradicional en las preferencias de los caboverdianos más jóvenes.

Aunque algunos estudiosos se refieran al galope como posible origen de la coladeira, otros a la taca, una danza antigua zapateada, parece surgir por generación espontánea en el segundo cuarto del siglo XX, vinculada al placer de bailar de los mindelenses.

En determinado momento (que aparentemente nadie consigue situar en el tiempo), los interminables bailes de S. Vicente (aún hoy existe esta tradición de bailar hasta el amanecer) caían en una cierta monotonía, pero los invitados continuaban bailando, por lo que se comenzó a pedir a los músicos ejecutantes de los instrumentos de “palo y cuerda” (violón, cavaquinho y rabel) que introdujesen el “contratempo”, para dar más vigor al baile.

De la morna a la coladeira se produjo un salto, y el ritmo se volvió, como cuenta Manuel Ferreira, “tan vivo y excitante, que toda nuestra participación es física”. Sería en esta época, en los años 30 del siglo pasado, cuando apareció una forma diferente de bailar la morna, conocida como estrimbolca, ejecutada en pasos cortos y rápidos, medidos y diseñados con esmero, que pocas personas conservan. La misma denominación inicial de este género fue inicialmente de morna-coladeira.

En los años 60 la coladeira se extendió rápidamente a todas las islas, y pasó a dominar los bailes, por todo el país y la diáspora.

Además del cambio de ritmo, la coladeira se dotó de temas de sátira social, a veces incluso de escarnio, comunes a la finaçon (Santiago) y a la curcutiçon (Fogo).

En Brava, donde se implantaría más tarde, la coladeira es conocida como colinha.

En los años 80 del siglo XX la coladeira sufrió influencias caribeñas, sobre todo de las Antillas francesas, y apareció el subgénero de la coladeira-zouk, que prácticamente destronó a la música tradicional en las preferencias de los caboverdianos más jóvenes.

Autoria/Fonte

Armando Ferreira

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