Patrimonio Arquitectónico

  • Arquitectura

El principal patrimonio arquitectónico de Cabo Verde se compone por la Cidade Velha, antigua ciudad de Ribeira Grande de Santiago y primera ciudad portuguesa edificada en África.

Acabada de ser clasificada por la UNESCO como patrimonio mundial, Cidade Velha alberga diversos monumentos de gran significado histórico, aunque pocos se encuentran intactos. La Iglesia de Nossa Senhora do Rosario, edificada en la falda Oeste de la ribera, en estilo manuelino, es, junto al Pelourinho (1520), en pleno centro, junto a la playa, el testimonio mejor conservado del siglo XV, ya que fue edificada en 1495. De la Iglesia de la Misericordia, del Hospital del mismo nombre, de la Casa da Cámara y de la Cadeia, ya no quedan vestigios, sabiéndose sin embargo que la Parroquia de N. Sra. da Conceição fue fundada en 1562, lo que hace suponer la construcción de una primera iglesia en esa época. Del siglo XVI, nos quedan el Convento de S. Francisco, en ruinas ahora estabilizadas, al Norte de la Iglesia de N. Sra. do Rosário, más hacia el interior de la ribera y, al parecer, el lugar en que los navíos se abastecían de agua. De la plataforma de S. Brás, donde los jesuitas se instalaron a principios del siglo XVII, tampoco quedó nada. Del lado opuesto, el Bairro de S. Sebastião ostenta las ruinas de la Catedral, en obras de recuperación, y cuya construcción perduró durante más de un siglo, entre 1555 y 1693, sin subsistir vestigios del Palacio Episcopal, al lado, con su Biblioteca y Archivo - el Tombo Velho, (que fue incendiado “sin que quedara un solo breviario para decir misa”, como escribió en 1712 el obispo, Francisco de Santo Agostinho), ni del Presidio. Habiendo logrado la categoría de ciudad en 1533, Ribeira Grande pagó caro su fulgurante éxito, y sufrió constantes asaltos y saqueos de los piratas ingleses, franceses y holandeses, en una época en que los propios países de origen los apoyaban en su latrocinio y destrucción. Fue en el intento de frenar la decadencia acelerada de la ciudad que, después de un ataque devastador del tristemente famoso Francis Drake, en 1585, se construyó, a partir de 1593, la Fortaleza Real de S. Filipe, en la llanura que domina la Catedral. La suerte de la ciudad estaba echada. Destruida regularmente, despoblada, Ribeira Grande no resistió otros ataques piratas, que culminaron con el que el francés Jacques Cassard perpetró en mayo de 1712, incendiándolo todo después de robar lo que encontraba a su paso, un tesoro valorado en la época en tres millones de libras esterlinas. En diciembre de 1769, la capital se trasladó a  la Playa de Santa Maria, y Ribeira Grande, tristemente, bajó a la condición de aldea arruinada y proscrita, a la espera de recuperar la memoria.

Playa, elevada a categoría de ciudad en 1858, sería la heredera de Ribeira Grande, pero no de su monumentalidad, traumatizada por la destrucción sufrida por su progenitora. Aún así, desarrollándose en el Plateau, la primera de las “achadas” (pequeñas llanuras) donde hoy se desdobla, cerca de la Praça Afonso de Albuquerque, se fueron estableciendo los edificios habituales de las capitales, el Palacio del Gobierno (ahora de la Presidencia de la República), el Ayuntamiento, la Catedral, el Cuartel. De manera que hoy todo el platô se debe considerar un conjunto arquitectónico a conservar, en el cual se incluyeron con el tiempo los departamentos públicos del Estado, el Palacio de la Justicia, Ministerios diversos, la Imprenta Nacional, el Liceo Adriano Moreira (actualmente Domingos Ramos), el Hospital, el Mercado Municipal, la Iglesia del Nazareno, el Cine, la Escuela Central, el Banco de Cabo Verde, el Museo Etnográfico y otros edificios nobles, muchos de ellos actualmente ocupados por Bancos y por el Comercio, además de algunas pequeñas unidades hoteleras. Los monumentos al descubridor Diogo Gomes, frente al Palacio Presidencial, y a Amílcar Cabral, el padre del Cabo Verde independiente, son dos monumentos de gran simbolismo del curso de la Historia y la construcción social y política de Cabo Verde.

En Fogo, los sobrados son edificios de valor histórico, tanto por la arquitectura en la que predominan los grandes porches en la planta superior, como por el significado social que encierran. La ciudad de S. Filipe es un precioso testimonio arquitectónico secular casi en su totalidad, destacando, además de algunos sobrados, edificios tales como el del Ayuntamiento, la iglesia parroquial, así como el coreto de la Plaza y alguna estatuaria.

En S. Nicolau, nos queda del período dorado del seminario-liceo la edificación que lo alojó entre 1866 y 1931, en Ribeira Brava, o Stanxa, como se hace referencia en la isla, y que pasó a acoger en esa época un grupo de militares expatriados de la Metrópolis, así como la iglesia parroquial y el busto del mecenas Dr. Júlio José Dias. Dominando el puerto da Preguiça, el Forte do Príncipe Real, con el Padrão das Descobertas y la Capela de Nossa Senhora dos Navegantes. En Caleijão, el antiguo Orfanato das Irmãs do Amor de Deus, en ruinas, espera ser restaurado para poder acoger el Museo de Arte Sacro.

En Santo Antão, Ribeira Grande (heredera del nombre de la primera capital de Cabo Verde) y Ponta do Sol, más que Porto Novo, conservan el encanto de la arquitectura colonial en cuyo período fueron edificadas. La calle central de la primera, enclavada contra la montaña, está bordada de edificios antiguos y relativamente altos, con la Casa Marçal como escenario de fondo, en un conjunto arquitectónico hermoso y acogedor. Mientras que en Ponta do Sol el Ayuntamiento, el Hospital y la Iglesia, cerca de la amplia Plaza, encuadran un conjunto armonioso que una morna canta a la capital de este Concejo: “lugar más lindo no puede haber!” En Santo António das Pombas se edificó una majestuosa estatua del santo en la cima del monte, que se convirtió en una referencia no sólo para los lugareños, sino para todos los que visitan Ribeira do Paúl. A medio camino de quien llega de Povoação, sobre el mar, la Sinagoga, señal de la fuerte presencia de judíos en la isla, en ruinas, espera el desarrollo de una unidad turística.

Aunque se haya poblado y urbanizado tardíamente, S. Vicente cuenta con una edificación valiosa en la ciudad de Mindelo, destacando el Fortinho do Rei, de 1852, el Liceo Gil Eanes, del 2º cuarto del siglo XX, y que acogió durante algún tiempo la Oficina de Correos; el Ayuntamiento, de estilo colonial; la Capitanía (réplica de la Torre de Belém en Lisboa); el Mercado Municipal; el Banco Nacional Ultramarino (que dio lugar al BCA), el Palacio del Gobierno (actual Palacio de la Presidencia), la Iglesia Parroquial, el Hotel Porto Grande, así como el Quiosco y el Coreto da Praça Nova y alguna estatuaria pública.

La isla de Brava es toda ella un modelo de armonía arquitectónica, con las casas sistemáticamente revocadas de blanco y ceniza, los propios muros alineados en piedra de cantería, destacando especialmente la sobria elegancia de Nova Sintra, dominada por la estatua del poeta Eugénio Tavares que, mirando al Coreto del que escribe Pedro Figueira:
“Allá en los confines siderales
brillan astros singulares
pero en la Tierra uno ha brillado más:
Para siempre: EUGÉNIO TAVARES”.

La casa de su residencia, en lo alto de la Ciudad, es ahora casa-museo Eugénio Tavares.

Vila de Maio, conocida también por Porto Inglês, es dominada por el Castillo, construido en la misma época del Fuerte de S. Filipe, en Ribeira Grande, a su vez bajo la vigilancia de la iglesia parroquial, un icono de la isla, sobre la plaza central.

En cuanto a Boa Vista, Sal Rei guarda un acervo arquitectónico notable, de la época (siglos XVII y XVIII) en la que la sal atraía una importante frota internacional, y aquí se instalaron comerciantes e incluso políticos, en casas señoriales que se edificaron en dos o tres plantas. Data de esta época la casa de Benoliel de Carvalho, en la Plaza, actualmente en ruinas, que también hizo construir viviendas y una capilla más al Norte, en la Playa de N. Senhora de Fátima, de la que quedan algunos muros. Y también data de esa época (1818) la construcción del Fuerte Duque de Braganza, en el islote de enfrente, para prevenir ataques como los que en 1815 y 1817 fueron lanzados contra Sal Rei por barcos ingleses y sudamericanos.

El principal patrimonio arquitectónico de Cabo Verde se compone por la Cidade Velha, antigua ciudad de Ribeira Grande de Santiago y primera ciudad portuguesa edificada en África.

Acabada de ser clasificada por la UNESCO como patrimonio mundial, Cidade Velha alberga diversos monumentos de gran significado histórico, aunque pocos se encuentran intactos. La Iglesia de Nossa Senhora do Rosario, edificada en la falda Oeste de la ribera, en estilo manuelino, es, junto al Pelourinho (1520), en pleno centro, junto a la playa, el testimonio mejor conservado del siglo XV, ya que fue edificada en 1495. De la Iglesia de la Misericordia, del Hospital del mismo nombre, de la Casa da Cámara y de la Cadeia, ya no quedan vestigios, sabiéndose sin embargo que la Parroquia de N. Sra. da Conceição fue fundada en 1562, lo que hace suponer la construcción de una primera iglesia en esa época. Del siglo XVI, nos quedan el Convento de S. Francisco, en ruinas ahora estabilizadas, al Norte de la Iglesia de N. Sra. do Rosário, más hacia el interior de la ribera y, al parecer, el lugar en que los navíos se abastecían de agua. De la plataforma de S. Brás, donde los jesuitas se instalaron a principios del siglo XVII, tampoco quedó nada. Del lado opuesto, el Bairro de S. Sebastião ostenta las ruinas de la Catedral, en obras de recuperación, y cuya construcción perduró durante más de un siglo, entre 1555 y 1693, sin subsistir vestigios del Palacio Episcopal, al lado, con su Biblioteca y Archivo - el Tombo Velho, (que fue incendiado “sin que quedara un solo breviario para decir misa”, como escribió en 1712 el obispo, Francisco de Santo Agostinho), ni del Presidio. Habiendo logrado la categoría de ciudad en 1533, Ribeira Grande pagó caro su fulgurante éxito, y sufrió constantes asaltos y saqueos de los piratas ingleses, franceses y holandeses, en una época en que los propios países de origen los apoyaban en su latrocinio y destrucción. Fue en el intento de frenar la decadencia acelerada de la ciudad que, después de un ataque devastador del tristemente famoso Francis Drake, en 1585, se construyó, a partir de 1593, la Fortaleza Real de S. Filipe, en la llanura que domina la Catedral. La suerte de la ciudad estaba echada. Destruida regularmente, despoblada, Ribeira Grande no resistió otros ataques piratas, que culminaron con el que el francés Jacques Cassard perpetró en mayo de 1712, incendiándolo todo después de robar lo que encontraba a su paso, un tesoro valorado en la época en tres millones de libras esterlinas. En diciembre de 1769, la capital se trasladó a  la Playa de Santa Maria, y Ribeira Grande, tristemente, bajó a la condición de aldea arruinada y proscrita, a la espera de recuperar la memoria.

Playa, elevada a categoría de ciudad en 1858, sería la heredera de Ribeira Grande, pero no de su monumentalidad, traumatizada por la destrucción sufrida por su progenitora. Aún así, desarrollándose en el Plateau, la primera de las “achadas” (pequeñas llanuras) donde hoy se desdobla, cerca de la Praça Afonso de Albuquerque, se fueron estableciendo los edificios habituales de las capitales, el Palacio del Gobierno (ahora de la Presidencia de la República), el Ayuntamiento, la Catedral, el Cuartel. De manera que hoy todo el platô se debe considerar un conjunto arquitectónico a conservar, en el cual se incluyeron con el tiempo los departamentos públicos del Estado, el Palacio de la Justicia, Ministerios diversos, la Imprenta Nacional, el Liceo Adriano Moreira (actualmente Domingos Ramos), el Hospital, el Mercado Municipal, la Iglesia del Nazareno, el Cine, la Escuela Central, el Banco de Cabo Verde, el Museo Etnográfico y otros edificios nobles, muchos de ellos actualmente ocupados por Bancos y por el Comercio, además de algunas pequeñas unidades hoteleras. Los monumentos al descubridor Diogo Gomes, frente al Palacio Presidencial, y a Amílcar Cabral, el padre del Cabo Verde independiente, son dos monumentos de gran simbolismo del curso de la Historia y la construcción social y política de Cabo Verde.

En Fogo, los sobrados son edificios de valor histórico, tanto por la arquitectura en la que predominan los grandes porches en la planta superior, como por el significado social que encierran. La ciudad de S. Filipe es un precioso testimonio arquitectónico secular casi en su totalidad, destacando, además de algunos sobrados, edificios tales como el del Ayuntamiento, la iglesia parroquial, así como el coreto de la Plaza y alguna estatuaria.

En S. Nicolau, nos queda del período dorado del seminario-liceo la edificación que lo alojó entre 1866 y 1931, en Ribeira Brava, o Stanxa, como se hace referencia en la isla, y que pasó a acoger en esa época un grupo de militares expatriados de la Metrópolis, así como la iglesia parroquial y el busto del mecenas Dr. Júlio José Dias. Dominando el puerto da Preguiça, el Forte do Príncipe Real, con el Padrão das Descobertas y la Capela de Nossa Senhora dos Navegantes. En Caleijão, el antiguo Orfanato das Irmãs do Amor de Deus, en ruinas, espera ser restaurado para poder acoger el Museo de Arte Sacro.

En Santo Antão, Ribeira Grande (heredera del nombre de la primera capital de Cabo Verde) y Ponta do Sol, más que Porto Novo, conservan el encanto de la arquitectura colonial en cuyo período fueron edificadas. La calle central de la primera, enclavada contra la montaña, está bordada de edificios antiguos y relativamente altos, con la Casa Marçal como escenario de fondo, en un conjunto arquitectónico hermoso y acogedor. Mientras que en Ponta do Sol el Ayuntamiento, el Hospital y la Iglesia, cerca de la amplia Plaza, encuadran un conjunto armonioso que una morna canta a la capital de este Concejo: “lugar más lindo no puede haber!” En Santo António das Pombas se edificó una majestuosa estatua del santo en la cima del monte, que se convirtió en una referencia no sólo para los lugareños, sino para todos los que visitan Ribeira do Paúl. A medio camino de quien llega de Povoação, sobre el mar, la Sinagoga, señal de la fuerte presencia de judíos en la isla, en ruinas, espera el desarrollo de una unidad turística.

Aunque se haya poblado y urbanizado tardíamente, S. Vicente cuenta con una edificación valiosa en la ciudad de Mindelo, destacando el Fortinho do Rei, de 1852, el Liceo Gil Eanes, del 2º cuarto del siglo XX, y que acogió durante algún tiempo la Oficina de Correos; el Ayuntamiento, de estilo colonial; la Capitanía (réplica de la Torre de Belém en Lisboa); el Mercado Municipal; el Banco Nacional Ultramarino (que dio lugar al BCA), el Palacio del Gobierno (actual Palacio de la Presidencia), la Iglesia Parroquial, el Hotel Porto Grande, así como el Quiosco y el Coreto da Praça Nova y alguna estatuaria pública.

La isla de Brava es toda ella un modelo de armonía arquitectónica, con las casas sistemáticamente revocadas de blanco y ceniza, los propios muros alineados en piedra de cantería, destacando especialmente la sobria elegancia de Nova Sintra, dominada por la estatua del poeta Eugénio Tavares que, mirando al Coreto del que escribe Pedro Figueira:
“Allá en los confines siderales
brillan astros singulares
pero en la Tierra uno ha brillado más:
Para siempre: EUGÉNIO TAVARES”.

La casa de su residencia, en lo alto de la Ciudad, es ahora casa-museo Eugénio Tavares.

Vila de Maio, conocida también por Porto Inglês, es dominada por el Castillo, construido en la misma época del Fuerte de S. Filipe, en Ribeira Grande, a su vez bajo la vigilancia de la iglesia parroquial, un icono de la isla, sobre la plaza central.

En cuanto a Boa Vista, Sal Rei guarda un acervo arquitectónico notable, de la época (siglos XVII y XVIII) en la que la sal atraía una importante frota internacional, y aquí se instalaron comerciantes e incluso políticos, en casas señoriales que se edificaron en dos o tres plantas. Data de esta época la casa de Benoliel de Carvalho, en la Plaza, actualmente en ruinas, que también hizo construir viviendas y una capilla más al Norte, en la Playa de N. Senhora de Fátima, de la que quedan algunos muros. Y también data de esa época (1818) la construcción del Fuerte Duque de Braganza, en el islote de enfrente, para prevenir ataques como los que en 1815 y 1817 fueron lanzados contra Sal Rei por barcos ingleses y sudamericanos.

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